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 Érase una vez…una época en la que los niños tras salir del colegio, cuando las manecillas del reloj alojado en la pared y sobre la pizarra de la clase daban las cinco, correteaban unos tras otros por las callejuelas de cualquier pueblo o ciudad con el único y universal propósito que el de divertirse. Hacer de ése momento, algo único y especial aunque en realidad ni siquiera existÃa ése objetivo porque de lo que se trataba era de ser feliz y para ello el impulso irracional germinado por la travesura ya se encargaba de hacer el resto. Read the rest of this entry »