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	<title>Leer Duele.</title>
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	<pubDate>Wed, 22 Oct 2008 00:41:26 +0000</pubDate>
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		<title>Moda: novedad, muerte y resurrección</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Oct 2008 00:27:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Orfeo Indómito</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Arte]]></category>

		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>

		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

		<category><![CDATA[Tendencias]]></category>

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		<description><![CDATA[     Las personas a lo largo de su vida suelen ser esclavas de muchas cosas y, por lo común tal dependencia a menudo va relacionada con los asuntos más banales. En ésta ocasión, he fijado mi punzante  objetivo en un sector que a diario suele ensimismar a cualquiera de los mortales: la moda.
Para tamaña introducción, quiero rescatar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-spacerun: yes;">   </span></span></span><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-spacerun: yes;">  Las personas a lo largo de su vida suelen ser esclavas de muchas cosas y, por lo común tal dependencia a menudo va relacionada con los asuntos más banales. En ésta ocasión, he fijado mi punzante  objetivo en un sector que a diario suele ensimismar a cualquiera de los mortales: la moda.<span id="more-25"></span><br />
Para tamaña introducción, quiero rescatar una sentencia lapidaria que pronunció en su momento uno de los iconos atemporales del sector: Coco Chanel. “Todo lo que es moda, se  pasa de moda”. Indudablemente tales palabras situadas en otro boca, no merecerían un lugar destacado pero, las frases o palabras colocadas en alguien con suficiente fama o poder, consiguen obtener mayor repercusión que si son empleadas por alguien cuyo caché no es lo suficientemente solvente como para pagar la factura de la luz. Injusto pero real.<br />
La genial diseñadora que, en 1909 abriera su primera tienda de sombreros en París, bien sabía lo que decía al expresar ésta visión tan perspicaz sobre el mundo textil que había creado.<br />
No es propio del sentido común, gastar cantidades ingentes de dinero, en un artículo cuya presencia en el mercado es limitada tan pronto como sus voraces compradores se hastíen del artículo o la firma correspondiente decida presentar la nueva colección.<br />
Es de perogrullo decir que la moda es un negocio; lo es como tantos otros y, para continuar siéndolo, se nutre perennemente de talleres que, infestados de costureras trabajan a contrarreloj por tener a punto el anhelado último modelo creación del diseñador más afamado apoyado por una legión de mentes pensantes amén de asesores.<br />
En esto, como en botica, se puede encontrar de todo. Desde la elegancia más definida y minuciosa cuidando todos y cada uno de los detalles del trazo, hasta lo más grotesco y extravagante. En realidad, siempre he pensado que, aquel que diseña ropa abstracta y ramplona, es porque no tiene la facultad de estar a la altura de nombres tan ínclitos  como Yves Saint Laurent, Valentino, Balenciaga, Chanel o  Gucci, por citar a  algunos de los más destacados.<br />
Por ello, sus “diseños”, suelen quedarse tan sólo en algo llamativo a la par que pintoresco pero sin ningún tipo de trascendencia. Es el consuelo que le queda a aquel cuya naturaleza no ha sido dotada para el ingenio de la aguja.<br />
De todas formas, no sería asombroso ver cómo alguno de los diseños creados por un diseñador de segunda fila, pasa a la primera si por algún extraño motivo alguna celebrity decide que quiere ponérselo. Al día siguiente, seguro que hay colas en todo el mundo por adquirir el modelito en cuestión. Y ya no porque guste, sino porque tal cantante, modelo o actriz, se ha levantado una mañana de su cama decidida a darse el capricho de ponerse algo tan esperpéntico sólo equiparable a su salud mental o en su defecto, a ser el centro de atención de  todas las miradas y comentarios.<br />
Es abrumador una vez más, comprobar cómo una tela puede conseguir el mismo efecto que una pócima encantadora. Si en otro post, escribía  acerca del poder de convocatoria del Iphone, en ésta ocasión la capacidad de persuasión de la industria textil sobre la sociedad no tiene parangón alguno porque, el Iphone, como tantos otros artículos tecnológicos tiene una repercusión determinada tan pronto como deja de ser novedad. Sin embargo, la moda no hace otra cosa que reinventarse y reciclarse. Está ahí siempre; a poco que salimos a la calle la encontramos en las personas que como autómatas se dirigen a sus quehaceres cotidianos; en los escaparates de las calles céntricas de una gran ciudad(comerciales por antonomasia); en la vallas publicitarias; en los anuncios televisivos; en las revistas…Todo está infestado de moda. Obviamente, es complejo escapar a la tentación del trapito cuando éste no hace otra cosa que perseguirte desde que te levantas hasta que te acuestas. Por ello uno no puede soslayar al comprador compulsivo, ése cuya premisa no es otra que hacer añicos su tarjeta de crédito adquiriendo prendas por el simple afán de poseerlas  al margen del gusto o de la practicidad de las mismas. En la mayoría de los casos, tan sólo engrosan el guardarropía dándole color.  Claro que, con criterio y determinación su efecto dejaría de ser una epidemia pero, en los tiempos que corren, ¿Quién tiene de eso?<br />
Aun está por ver que una rutilante estrella de Hollywood acuda a la ceremonia de los óscars con un vestido que no obedezca a la firma de ningún prestigioso diseñador. Tal osadía, no sería contemplada en calidad general por el populacho como una muestra de anticonsumismo y casta, sino como una ocasión ideal para acabar con la carrera de una actriz que, una tarde decidió ser fiel a sus principios evitando que el marketing le impusiera cual decreto ley, qué ropa había  de ponerse. Pues si aquello que te adorna y pende por tu piel no lleva las iniciales o el logotipo de una marca reconocida, tu talento es menos talento ya que, si fueras alguien realmente brillante, ganarías cantidades desorbitadas de dinero suficientes como  para poder vestir a perpetuidad con las etiquetas de los nombres y apellidos más insignes y jamás te decantarías por una ropa con la que nadie se identifica.<br />
Sólo hay que observar los reportajes fotográficos de boda  que aparecen en las revistas de moda y sociedad y cuyos protagonistas son famosos. La descripción que se hace de todos y cada uno de los modelos que se pueden ver, es tan detallada como una analítica donde el exceso de colesterol es sustituido por una gigantesca pamela que oculta por completo el rostro de la portadora que nos recuerda  a los floripondios que encima de su testa portan las distinguidas damiselas que acuden con petulancia a las carreras de caballos de Ascott desde tiempos remotos.<br />
Para muchas fashion víctim, es una cuestión de estado el hecho de estar al día de todo cuanto se cuece en la industria. Es por ello por lo que, estar informada en cada momento y al detalle del próximo lanzamiento de su diseñador favorito es en no pocas ocasiones, un asunto que la deja desvelada. Quiere ser la primera en hacerse con el artículo, no principalmente para disfrute personal sino para demostrar que “está al día” y es una mujer de su tiempo. Pero, ¿Quién decide lo que es un hombre o una mujer de su tiempo?  ¿Las firmas apelotonadas que reclaman nuestra atención en las tiendas? ¿Los desfiles de temporada en las ciudades con las pasarelas de la moda más exultantes? ¿La top model de turno que exhibe la prenda con garbo a través de su felino caminar entre caderas casi dislocadas?<br />
Sangrante también es que la fiebre textil contagie a niñas cada vez más jóvenes que son capaces incluso de padecer anorexia provocándose vómitos y otra serie de medidas a cual más terrorífica poniendo con ello en riesgo su salud,  con tal de poder enfundarse esos vestidos de medidas imposibles al alcance de aquellas sílfides  cuya etiqueta responde al nombre de talla 34. La dirección de algunas pasarelas internacionales de cierto renombre no ha permitido desfilar a modelos con esa talla pero son casos, meramente excepcionales. Las niñas en muchos ocasiones, ya no sueñan con ser ellas mismas respetando la constitución física que la naturaleza les ha otorgado, se rebelan taxativamente contra ello sacrificando cualquier cosa con tal de parecerse a la modelo de mayor alcance mediático del momento. El precio que se paga no importa siempre que sea posible exhibir como un guante ésa prenda que fue creada en concreto para figuras moldeadas y esculpidas con carácter exclusivo.<br />
Como se puede comprobar, todo esto son factores externos pero que, sin embargo llegan a convertirse en internos por la autorización inconsciente que el adicto a la moda concede diariamente a todo éste tipo de propuestas.<br />
No son pocos los que piensan que, el cenit de la elegancia reposa en llevar el modelo más costoso  aunque la persona que exhiba tal vestimenta tenga unos andares más bamboleantes que el pirata pata palo o, nos recuerde a un pato que acaba de tomar el último chupito de absenta.<br />
Si es escandalosamente caro, es distinguido. Pues no. La belleza que prevalece es aquella que es sutil; que es capaz de decir todo con una naturalidad congénita por encima de un modelo u otro; son  en esencia las líneas y los movimientos de una  pantera atravesando sigilosamente la selva con el único abrigo de su pelaje negro azabache. Como tantas cosas en la vida, el estilo no se puede comprar porque está dentro de cada cual. Es su seña de identidad; su referencia, sin ningún tipo de patrones o etiquetas. La marca única del propio individuo.<br />
Ahí está por ejemplo el Cristo de Velázquez en el museo del Prado con un diminuto retal blanco cubriendo las partes pudendas de Jesús; el nacimiento de Venus de Sandro Botticelli en la galería Uffizi de Florencia donde la diosa del amor aparece completamente desnuda sobre una concha tan sólo cubriéndose sus partes nobles con las manos; o la libertad guiando al pueblo de Eugene Delacroix en el museo del Louvre donde una mujer con su vestido rasgado, caído y mostrando un pecho comanda hacia la libertad a sus colegas revolucionarios durante la insurrección que tuvo lugar en París durante los días 27,28 y 29 de Julio de 1830 en contra de la monarquía del rey ultraconservador Carlos X.<br />
En ninguno de éstos cuadros mundialmente conocidos, el atuendo es el protagonista. La belleza traspasa el propio lienzo sin que sea necesario ningún tipo de ropaje para hacerlo más atractivo. Prueba pues, más que evidente de lo reseñado con anterioridad. Claro que, una persona de esa guisa al natural, sería cuanto menos repudiada, pero al estar pintada, permite contemplarla con admiración. Irónico.<br />
La moda, está pensada para impactar, seducir, ser comprada, vilipendiada y en última instancia sustituida por otra moda emergente que suprime a la anterior. Ésa es la clave del negocio. No existe ningún enigma más allá, ni una liturgia imposible de descifrar. Es una maquinaria subyugante pensada y creada para ser vendida, consumida y desechada quedando reemplazada  por la novedad de rigor que impía se abre un espacio ostentoso en el armario, arrinconando  a una vieja gloria que antaño colgaba reluciente de las  perchas entre las prendas de medio mundo provocando admiración con el brillo de sus lentejuelas y convertida ahora, en una vedette trasnochada en el umbral de su retiro hacia el más absoluto olvido. Pagaron por ella, la usaron como novedad y se cansaron por dejar de serlo. Por tanto, no era ése tipo de belleza trascendental que resiste al paso del tiempo y permanece como recién nacida; ésa que plasman en sus obras los genios del arte lejos de escenarios recargados; sino algo tan corrupto por su uso que acaba transformando en calabaza lo que un día fue la carroza de una particular cenicienta que emocionada la utilizó mientras no había otra más deslumbrante en el mercado y que creyó que su vestido de dama de la alta sociedad, era más importante que el delantal de sus propios sentimientos. </span></span></span></p>
<div><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-spacerun: yes;">                                                                 Orfeo Indómito</span></span></span></div>
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		<title>Reseña de prensa de Lobo Gris</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Oct 2008 11:40:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>James Nava</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>

		<category><![CDATA[Cultura]]></category>

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		<description><![CDATA[Las milicias paramilitares irrumpieron en Wild Creek, pero no contaban con la vieja leyenda india sobre lobos, ni con el hombre de la CIA.
Una combinación explosiva de thriller político, espionaje y ecología.
Un canto a los lobos y la naturaleza salvaje de las Montañas Rocosas, con raíces en las leyendas indias nativas americanas.
Una historia de amor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las milicias paramilitares irrumpieron en Wild Creek, pero no contaban con la vieja leyenda india sobre lobos, ni con el hombre de la CIA.</p>
<p>Una combinación explosiva de thriller político, espionaje y ecología.</p>
<p>Un canto a los lobos y la naturaleza salvaje de las Montañas Rocosas, con raíces en las leyendas indias nativas americanas.<span id="more-24"></span></p>
<p>Una historia de amor apasionado y alto voltaje erótico en medio del enfrentamiento entre rancheros y ecologistas.</p>
<p>Unos documentos vitales que desvelan un secreto de la CIA.</p>
<p>Un hombre en busca de justicia. Una mujer en busca del amor y el conocimiento de los lobos.</p>
<p>Una maravillosa historia de amor a la naturaleza y de lealtad a los ideales en circunstancias adversas.</p>
<p> <br />
Jason Rovin se refugia en el hogar de su infancia, un rancho en Montana, alejándose de Langley y su vida en la CIA durante los últimos diez años, tras huir con un maletín lleno de documentos clasificados como alto secreto.<br />
Mientras se dirige a Wild Creek, conoce accidentalmente a Catherine Rush, una bióloga que estudia a los lobos de la zona. Los dos inician una buena amistad y colaboran para averiguar el extraño comportamiento de éstos. <br />
Entretanto, empiezan a aparecer misteriosas amenazas de muerte contra la bióloga y el sheriff de la localidad. Jason y Catherine descubren, durante una de sus incursiones en las montañas, la presencia de un campamento de milicias paramilitares, liderado por un terrorista neonazi internacional.<br />
Al tiempo que la presencia de una creciente manada de lobos alarma a todos los rancheros de la zona, los siniestros planes de un banquero local, apuntan hacia una compleja e inquietante trama que llevará las vidas de todos al límite y pondrá a Wild Creek como foco de atención de toda la prensa.<br />
Los documentos secretos que guarda Jason Rovin, se convertirán en claves para la intervención de la CIA y el FBI en el asunto.<br />
Con un argumento que combina acción, aventuras, intriga, y sentimientos de una forma amena y electrizante, diálogos llenos de humor y una narración absorbente, Lobo Gris refleja valores como la amistad, la lealtad, el valor, la libertad, y el amor, a través de unos personajes que ponen de manifiesto lo maravilloso y lo miserable que encierran los seres humanos, y nos transporta a un mundo casi perdido en las montañas Rocosas de Montana.</p>
<p>Una historia mágica sobre lobos, alta política y espionaje, que se mezclan en una novela emocionante de la primera a la última página, con capítulos perfectamente conseguidos que arrancarán emociones encontradas.</p>
<p>El autor nos conduce al mundo de los ranchos en el Oeste americano, con un misterio de fondo que va in crescendo, y la presencia inquietante de unas milicias paramilitares.</p>
<p>Todo un homenaje al mundo del Western americano y sus valores tradicionales, así como un testimonio realista de los entresijos de los Servicios de Inteligencia y el alcance de sus operaciones clandestinas.</p>
<p>Una historia muy visual, en la que podremos descubrir tanto las viejas leyendas indias como la vida interior de un agente de la CIA. Una novela bien escrita, con un ritmo que acelera a medida que pasan las páginas y los personajes se van asomando, con una atmósfera bien recreada, donde transcurre la acción, y con guiños evidentes a la música country.<br />
Novela muy recomendable para los aficionados al thriller político, de espionaje, las historias románticas, y las aventuras ecológicas.<br />
Vídeo-booktrailer de promoción: <a href="http://www.youtube.com/watch?v=23KUUix3Gpo">http://www.youtube.com/watch?v=23KUUix3Gpo</a></p>
<p> “Lobo Gris”, James Nava<br />
 Editorial El Tercer Nombre.<br />
560 páginas.<br />
P.V.P. 22 euros.<br />
ISBN: 978-84-96693-14-2<br />
Formato: Rústica</p>
<p>Más información en: <a href="http://www.jamesnava.com">www.jamesnava.com</a><br />
<a href="http://www.eltercernombre.com">www.eltercernombre.com</a></p>
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		<title>El cavernícola del siglo XXI</title>
		<link>http://www.leerduele.com/?p=23</link>
		<comments>http://www.leerduele.com/?p=23#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 09 Oct 2008 23:39:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Orfeo Indómito</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[Personal]]></category>

		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[             A tenor de muchos de los comportamientos que uno observa a diario en las personas, llego a tener la creencia de que en lugar de hallarme en el siglo XXI, estoy viendo las películas en “Busca del fuego”, o el “Planeta de los simios”, filmes basados fundamentalmente en el hombre primitivo.
Que en la época [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>             A tenor de muchos de los comportamientos que uno observa a diario en las personas, llego a tener la creencia de que en lugar de hallarme en el siglo XXI, estoy viendo las películas en “Busca del fuego”, o el “Planeta de los simios”, filmes basados fundamentalmente en el hombre primitivo.<span id="more-23"></span><br />
Que en la época de las cavernas, los alaridos entre unos y otros eran frecuentes para comunicarse, no sorprende a nadie ya que entonces no disponían de otras formas de entablar relaciones  entre sí ni contaban con  las herramientas necesarias para hacerlo de otro modo. Al mismo tiempo y atendiendo a las distintas etapas evolutivas que el célebre biólogo británico Charles Darwin plasmó en su archiconocida obra “la evolución de las especies”, no se le podía pedir refinamiento a los grupos humanos que iniciaron  la cadena evolutiva hasta lo que hoy somos:  australopithecus, homo habilis, homo erectus, hombre de cromag-non…<br />
El instinto era básicamente lo que guiaba al hombre de entonces ya que, su capacidad de razonar era más bien escasa por tanto, no pensaba, simplemente actuaba.<br />
Hoy muchos de esos homínidos, siguen siendo tal cual eran sólo que con una diferencia: antaño no llevaban ropas con las que cubrirse(si  acaso y en otra fase pieles), mientras que en la actualidad  se adornan con trajes. La pobreza de espíritu no entiende de accesorios; una persona desnuda puede aportar más sabiduría y conocimiento que otra cuya carta de presentación sea   llevar ceñida al cuerpo la última prenda del sempiterno diseñador de moda en el sector de la alta costura.<br />
A todos nos definen nuestros actos; es lo que queda, lo que nos caracteriza y representa como personas.<br />
En todo este embrollo, se  podría incluso pensar que el concepto de civismo es en realidad el escurridizo eslabón perdido que los científicos han estado buscando desesperadamente durante milenios.<br />
Para todo ello, basta con salir a la calle un día y ponerse a observar detenidamente las acciones que muchos individuos realizan en su vida cotidiana aunque en lugar de ello, sea más bien, vida insufrible.<br />
Es obvio que ante tamaña situación uno se pregunte, ¿Acaso no recibimos en su momento cuándo estudiábamos la formación necesaria en cuanto a comportamiento y valores a través de aquella asignatura denominada educación cívica y social?<br />
Porque vamos, desde que las primeras escuelas aparecieron en éste país allá por el siglo XVI, ya han transcurrido unos cuantos inviernos, pero parece que aun muchos siguen teniendo que perderse las vacaciones estivales estudiando ante la recuperación de un Septiembre eterno.<br />
No sé porqué extraña razón, el derecho a la intimidad está quedando reducido a una mera utopía(y no me refiero a asuntos del colorín con paparazzis y otros sucedáneos), sino al descaro sin parangón que practican no pocos inconscientes en lugares tan comunes como un supermercado, una gasolinera o cualquier establecimiento donde haya que respetar el turno hasta que a uno le atienden.<br />
En ése rutinario e incómodo proceso(pongamos en éste caso que hemos ido a hacer la compra), nos encontramos con que a parte de conseguir la ardua tarea de  llegar a la caja con el peso provocado por los productos adquiridos, después de ir sorteando por los pasillos todo tipo de obstáculos inmóviles que se detienen en cualquier parte a establecer una conversación tan existencial como el último incidente sufrido por la vecina del quinto, nos disponemos a guardar rigurosamente la cola que suele dilatarse y ralentizarse ante la pasividad crónica de algún que otro empleado que también está por la labor de intercambiar chismes con el cliente de turno, sin reparar en el malestar que semejante actitud provoca en el resto de clientes que lo único que desean es pagar y marcharse a su casa. Al fin y al cabo, como no pueden irse sin pagar y han de comer…¡Qué esperen! ¡Qué más da si hay tres cajas vacías y se me acumula el trabajo!. Éste ya sería un asunto de organización en la cual ya se sabe, ¿Para qué pagar tres sueldos más sí con uno aunque al borde de la taquicardia se ahorran costes?<br />
Y bueno, por fin llega el momento dorado de colocar nuestro género sobre la cinta magnética; esa autopista cuyo peaje es abrir la pegadizas bolsas de plástico  en tiempo récord para introducir la compra  evitando que se forme una montaña de productos que ya no sabes si son los tuyos o los del siguiente porque, resulta que el siguiente, lo del derecho a la intimidad parece ser que sólo lo contempla tras las paredes de su casa porque a poco que has conseguido colocar tus cosas, llega él y te pone las suyas casi encima. Le miras con cara de pocos amigos y parece darle igual. A lo mejor cree que, si te avasalla con su compra, ganará tiempo y será atendido antes. Una reflexión tan sesuda como absurda.<br />
Al fin llega el momento de atravesar las puertas del establecimiento y con él la sensación reconfortante de haber salido indemne de la batalla de las cestas,  carros metálicos y murmullo cargante.<br />
No contento con esto, me subo al coche y al introducir la llave de contacto,  el chivato de la gasolina se enciende, delatando la necesidad imperiosa de ir a repostar si uno no quiere quedarse a medio camino con el consiguiente ejercicio de piernas teniendo que empujar el vehículo para poder llegar hasta la gasolinera mientras de reojo advierto que no se acerca ningún desalmado con el síndrome de Fernando Alonso en las venas. Al margen de si es hora punta o no, me dirijo al mostrador donde una vez más, toca hacer cola. En ésta ocasión, mi compra no corre peligro de ser aplastada por la del siguiente cliente, quien peligra soy yo mismo en una especie de placaje made in fútbol americano.<br />
Aquí, como en cualquier otro comercio, debería  existir como mínimo “La delgada línea roja”, título que acuñó Terence Malick para realizar su popular película bélica, de modo que, la propia señal indicara que se ha de respetar el espacio existente entre un cliente y otro porque, lo que está claro es que aquí, las líneas imaginarias no funcionan. Consecuencia: de repente, notas una ligera brisa cálida  en tu cogote, miras a tu alrededor y no ves ninguna ventana abierta, hasta que te das la vuelta y en ése giro cual peonza desorientada chocas con un señor que al parecer siente atracción por el perfume que uno lleva porque si no, a ver cómo se puede explicar que esté tirándote su aliento a unos pocos centímetros de la nuca. Ante tal molesta situación, hay que tratar de ser para más inri cortés y, con un gesto hacerle entender que lo que está haciendo es de muy mala educación. Otro que, piensa que si se pega a ti, conseguirá llegar antes al primer lugar de la cola. Pues como no tenga la facultad de traspasar cuerpos o de desdoblarse, lo tiene complicado.<br />
Es desconcertante lo incívica de una realidad que, no hace otra cosa que crecer a cada instante. Para imaginarse la magnitud de la misma, basta con comprobar cómo hace unos días, en una entidad financiera mientras aguardaba mi turno, pude detectar en el suelo de la oficina una tira adhesiva en la que decía: “Respete la distancia y el derecho a la intimidad de la persona”. ¡Menos mal que aquí sí intervino el banquero salvador!, si no, me veo hablándole en clave al de la ventanilla para que el pegamoide acólito no pueda conocer un sólo número de mi cuenta corriente.<br />
La catarata de despropósitos a cual más salvaje no acaba aquí.<br />
Lo bien cierto es que, cuando se dispone de vehículo particular, el transporte urbano se utiliza bien poco(menos mal), pero si existe alguna excepción, se vuelve uno a topar con la cruda realidad. Por lo general, en la parte superior de las puertas de salida del metro y el autobús, suele haber  un letrero bien grande donde puede leerse: “Por favor, dejen salir”. Pues bien, ya puedes ser un mago del escapismo, casi a lo Houdini, porque a poco que te despistes se te pasa la parada por no haber podido bajar porque antes de esperar  para dejar salir, el personal que acecha  tanto en la calle como en el andén, suele entrar en avalancha no sea que no vuelva a pasar otro convoy o autobús hasta dentro de tres horas. Lo de si tu has podido bajar o no, es algo que francamente no les importa. Y ya que estamos, el tema de ceder el asiento a personas ancianas, embarazadas o con alguna tara física me queda tan lejano en el tiempo en cuanto a la última experiencia a la que pude asistir, que tal vez tenga que trasladarme a otro tiempo a través de la hipnosis regresiva para poder recordar un  acto de solidaridad que, en éste sentido presencié.<br />
Si se habla de circulación, no se puede obviar a los conductores particulares que utilizan el específico carril taxi/bus para hacer su recorrido con mayor fluidez aunque ello dificulte la marcha de los vehículos autorizados a circular por ése tramo del asfalto, amén de estar prohibido. Como tampoco, a los que presos de una comodidad congénita dejan su vehículo en la puerta de su domicilio o lugar de trabajo  sin reparar en si lo hacen en doble o triple fila. La cuestión es caminar poquito, no sea que se puedan hacer un esguince o les salgan varices por pensar en los demás aparcando en condiciones. Luego si quieres sacar tu coche estando bien aparcado, te toca hacer gimnasia apilando vehículos para conseguir el suficiente espacio como para poder salir.<br />
Cierto es que, en muchas ciudades de éste país las plazas de aparcamiento público son más escasas que un trébol de cuatro hojas, pero no es menos cierto que el que se afana en buscar un sitio, al final lo encuentra y no precisamente encima de la acera o en la zona reservada para  minusválidos. Eso sí, en cuanto lo encuentras y comienzas a maniobrar, sufres un acoso acústico por parte del resto de conductores que, no se sabe bien si por envidia o prisa, desean que te quites de en medio cuanto antes. Los hay que, incluso a poco que dispongan de espacio suficiente para poder pasar, no te dejarán finalizar la maniobra aun a sabiendas del riesgo que representa rebasar a un vehículo en movimiento. Ellos tienen que pasar, que se enfría la comida.<br />
Los mismos que actúan así, son los que muchas veces, aun habiendo espacio para entrar dos vehículos, aparcan el suyo en diagonal evitando que pueda entrar otro coche.<br />
Sí, si de sobra sabemos que en la sociedad actual las prisas y el estrés están a la orden del día, pero las mismas no justifican bajo ningún concepto el egoísmo y la mala educación imperantes por doquier.<br />
“Pero aun hay más”, como dice Bugs Bunny en la cabecera de los Looney tunes.<br />
Cuando se logra la hazaña de aparcar y nos convertimos por extensión en un peatón más, es recomendable caminar mirando al suelo sin importarnos que por ello, otros puedan pensar que estamos deprimidos. Con esto, nos ahorraremos pisar excrementos generalmente de canes que producto de la necesidad y de la inconsciencia de sus dueños no hacen otra cosa que dejar señuelos repugnantes en zonas no habilitadas para tal menester. Me pregunto qué les parecería a estos desaprensivos e insensatos propietarios de semejantes y entrañables animalitos disponer de un orificio en sus domicilios con fragancia residual y que de vez en cuando, vertiera los deshechos putrefactos sobre el parqué recién puesto en el salón de su casita.<br />
¿Qué no hay pipi can o zonas acondicionadas donde poder llevar a los animales domésticos a hacer sus necesidades por dónde vives? Pues entonces, no los tengas. Pero no hagas responsables a otros de tus caprichos.<br />
Por si teníamos poco, en el trayecto a pie, es recomendable utilizar casco. No, no se trata de que tengamos complejo de albañiles, sino más bien, de evitar que nos achicharren la cabeza producto de la inconsciencia o mala leche del fumador de turno que desde un edificio, asomado al balcón acaba de consumir su cigarrillo y en lugar de apagarlo y depositarlo en un cenicero, prefiere darle un respiro tirándolo al vacío con el peligro que ello conlleva.<br />
Los más pequeños, tampoco se libran de las temeridades más espeluznantes y no es noticia ver a un bebé sentado en la parte delantera de un vehículo mientras su ejemplarizador progenitor conduce y flirtea a cada momento con el riesgo que entraña un frenazo repentino para la vida de su retoño.<br />
Uno no podía olvidar tampoco los baños públicos, lugares inhóspitos de nula recomendación sólo al alcance de  individuos tan sucios como su propia estampa.<br />
Por tanto, es más conveniente utilizar el de la oficina, la casa o el de un amigo que, adentrarse en ése submundo de hedores indescriptibles e imágenes más escatológicas que un alien recién nacido.<br />
Porque en éstos lugares, o no hay escobilla o es un mero objeto decorativo.<br />
Cuidado también si tras dar un paseo te sientes cansado y decides sentarte en el banco de un parque porque, lo normal es que cuando intentes incorporarte notes una especie de imán pegajoso agarrando tu trasero con codicia. Efectivamente; es un chicle. Porque la secular goma de mascar es con frecuencia compañera del incívico, el cual una vez la ha consumido, en lugar de arrojarla a una papelera busca otros destinos como asientos, porteros telefónicos, mesas…<br />
Las comunidades de vecinos no son ajenas respecto a acoger primates de éste calado, siendo usual ver interruptores quemados por la llama del mechero del graciosillo de turno, ralladuras sobre la pintura de las puertas de los ascensores, charcos de orín en el interior de los mismos, puertas de buzones desencajadas y una larga lista propia de un apasionado por el bricolaje en calidad de chapucero.<br />
Sin duda alguna, la quintaesencia de lo grotesco, salta a la palestra en los momentos de ocio convirtiéndose el disfrute, en un verdadero tormento.<br />
¿Quién no ha ido al cine y no  ha sentido cómo su espalda era golpeada en ocasiones por las pezuñas del espectador alojado en la butaca de detrás?<br />
¿Quién de repente, concentrado en la película no ha sido víctima de la charla molesta del grupito de al lado incapaz de callarse?<br />
Por suerte, con la aparición de los cines Kinépolis se  ha suprimido el calvario infringido por el culo inquieto ya que, entre fila y fila la distancia es más que considerable.<br />
¿Y la playa? Ése lugar apacible adonde acudimos para relajarnos bajo los rayos del Sol al tiempo que nos zambullimos en el mar.<br />
Llegamos y nos instalamos en un lugar alejados del gentío cuando en un santiamén, una familia de domingueros decide ponerse justo al lado nuestro. Hay más espacio, pero no, tiene que ser a nuestra vera. ¡Venga qué hace calor y  queremos más, por si faltara poco!. Los peques del clan, deciden que es hora de dar rienda suelta a sus travesuras y comienzan a moverse cual posesos levantando con cada movimiento una cantidad ingente de arena que va a impactar directamente contra nosotros sin una brizna de compasión. Nosotros que, habíamos ido con la ilusión de reposar sobre la arena, no de comérnosla.<br />
No deseo echar el cierre a éste post, sin antes dejar constancia de un suceso acaecido hace unos días en el centro de Valencia, donde estando el semáforo en verde para vehículos, algunos peatones incívicos decidieron que debían pasar porque ellos lo valían independientemente de la peligrosidad que ello podía acarrear al ser un tramo de constante tráfico. Pues bien, apareció una motocicleta que circulaba correctamente y al pasar al lado de ellos y tocar el claxon en lugar de reconocer los transeúntes su error, le levantaron airadamente los brazos y hasta hubo uno que incluso se atrevió a decirle al conductor: “¡Será que no tienes espacio para pasar!” Me habría gustado ver a semejante sujeto cruzar por un paso de peatones con su semáforo en verde viendo cómo se aproxima un vehículo a toda velocidad rozándole con el retrovisor y espetándole su conductor: “Será que no tienes espacio para esquivarme”. Pero claro, el egoísmo y la inconsciencia del incívico, no le alcanzan para asumir y rectificar los fallos de sus acciones, pero eso sí, si las mismas que él realiza, las ejecutan otros y él sale perjudicado, entonces sí son graves. Por tanto, ya no se trata de inconsciencia, puesto que el individuo es capaz de diferenciar lo que está bien de lo que no lo está,  sino de una personalidad con tintes de anarquista redomado jalonada por un capacidad infinita para subestimar todo lo que le rodea y una alta dosis de egocentrismo. Discutir con él es estéril puesto que padece de necedad desde la cuna y esto sólo se combate de una forma: con la indiferencia, enemiga ésta de la notoriedad que él busca.</p>
<p>                                                                                       Orfeo Indómito</p>
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		<title>&#8220;Eres hombre: no te está permitido llorar&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Sep 2008 16:37:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Orfeo Indómito</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[    Algunos resquicios de tiza blanca delatan sobre la tapia del viejo caserón que, hubo un tiempo en el que el romanticismo se vivía de una forma más impetuosa respecto a la conducta generalizada que, hoy en éste  arranque de siglo veintiuno se sirve en cada sobremesa.
Éste post, es un homenaje al romanticismo en su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>    Algunos resquicios de tiza blanca delatan sobre la tapia del viejo caserón que, hubo un tiempo en el que el romanticismo se vivía de una forma más impetuosa respecto a la conducta generalizada que, hoy en éste  arranque de siglo veintiuno se sirve en cada sobremesa.<br />
Éste post, es un homenaje al romanticismo en su más elevada expresión y a todos lo que contribuyeron a engrandecerlo en su transitar por la vida.<span id="more-22"></span><br />
Ponerse a escribir sobre romanticismo en unos tiempos donde los sentimientos a menudo son solapados por el dinero, la seguridad o el estatus social, es sin lugar a dudas una tarea valiente.<br />
Lo bien cierto es que, la propia existencia del ser humano sólo se palpa y degusta desde lo extremo de las sensaciones. Por tanto, vivir de manera impasible dejándose llevar por la inercia de la marea es como ser inmune a todo tipo de dolor.<br />
Es lamentable que, el sentir también haya pasado a ser considerado un concepto que, como tal queda relegado a modas o tendencias catalogándolo de si se lleva o no. No pocos exclaman: ¡Ser romántico no está de moda!. ¿Acaso el enamorarse y manifestarlo abiertamente ha dejado de ser una realidad? Evidentemente, no.   Más bien tras la sentencia sobre la extinción del romanticismo, cabría atisbar que debido a las tragedias derivadas de éste, no pocos se afanan en no sentir para no sufrir; camino equivocado pues no hay gozo sin una dosis de sufrimiento, de inquietud. Como el símbolo oriental del ying-yang que mezcla lo positivo junto con lo negativo.<br />
Podría también recurrir al manido: “Más vale haber amado y perdido que no haber amado”.<br />
El permanente estado de bienestar provoca acomodamiento e infravaloración y no es si no, una trampa espesa sobre la cual una vez uno se da cuenta que ha caído tiene difícil la escapatoria y cuando despierta, suele ser demasiado tarde.<br />
Quien no siente, no crea. Para ello, hace falta inspiración y ésta la dan los sentimientos.<br />
No imagino a Miguel Ángel tumbado en su andamio en pleno renacimiento mientras trabajaba en los frescos de la capilla sixtina sin experimentar con cada boceto, cada pincelada, un hormigueo en el interior de la boca del estómago que iba in crescendo a poco que esas imágenes que albergaban su mente, iban cobrando forma tal y como él deseaba proyectarlas. En realidad, lo que no se hace con sentimiento no perdura. Esto es similar al hijo que ha sido engendrado sin amor. Las consecuencias serán irremediablemente nefastas y, o bien alguno de sus progenitores se desentenderá del mismo o recibirá por parte de los mencionados  insana indiferencia.<br />
He de confesar que me declaro acérrimo seguidor de gran parte de los artistas, intelectuales, bohemios y otros similares que se encargaron de dejar huellas imborrables escritas con su sangre durante los  siglos XVIII-XIX  demostrando con ello, que el verdadero motivo por el cual vale la pena estar en éste mundo, es el de poner todo el ser en aquello que se hace desde el sentimiento, independientemente de las consecuencias que tras él se produzcan.<br />
Es admirable como entonces, ser sensible no era contemplado como un sinónimo de ser débil. Aquella gente se sobreexponía; se prestaba sin reticencia alguna a recibir un nuevo amanecer sin más atuendo que el de su propia piel independientemente de las temperaturas extremas. Allí estaba Larra, considerado oficialmente como el primer periodista español, escribiendo sus artículos con no poca amargura debido a ése sentir tan a flor de piel mientras el resto parecía ver la vida con un grado más “elevado” de impasibilidad. Demasiado frágil. Tanto, que acabó suicidándose de un tiro en la sien derecha con apenas veintiocho años tras el rechazo de la que fuera  su amor enfermizo: Dolores Armijo. Beethoven, Schubert, Espronceda, Bécquer, Víctor Hugo, Gustav Doré, Arthur Rimbaud, Rainer María Rilke, Lord Byron o John Keats, son tan sólo algunos de los exponentes claves de un movimiento que, tal vez hubo de ser atemporal.<br />
Muchos de ellos, tuvieron algo en común a parte de sus inquietudes coronarias: fallecieron jóvenes. Distintivo de relumbrón en todo romántico que se preciara; cadáver terso. El romántico, vivía la vida al límite en cada respiro obsesionado por impregnar de amor cada nota en el pentagrama; cada palabra bañada en tinta; cada dibujo trazado sobre el papel. Entonces la sensibilidad masculina  no se asociaba a alguien afeminado. Igual que no se le pueden poner puertas al campo, tampoco se puede catalogar el sentir como algo exclusivo del sexo femenino. Pero claro, el hombre tiene una subyacente tendencia a catalogar todo, incluyendo en el lote las manifestaciones naturales de aprecio y cariño.<br />
Parece que la propia sociedad o más bien una gran parte de seres humanos que la pueblan, se encargan de perseguir y ridiculizar a todo aquel que abiertamente reconoce gustar de películas románticas, poesías, baladas y todo aquello que simbolice un goce del corazón. Una mujer tiene autorización para conmoverse viendo “El diario de Noa”, estremecerse  mientras lee el poema  “No te salves” de Mario Benedetti o bañar sus ojos en lágrimas al tiempo que escucha a Luis Miguel. Ésta cohorte de hechos, quedaría sometida a la crítica más vil ejecutada a través de la lengua viperina de rigor, si quien lo hiciera fuera un ser cuya hormona reinante en su cuerpo respondiera al nombre de testosterona. Claro, un hombre que va a la guerra es inadmisible que en su tienda de campaña guarde la obra  “Cumbres borrascosas” de Emily Bronte. Sería el blanco de todas las risas y a continuación flagelado y expulsado del ejército.  El propio hombre ha sido y es el principal enemigo del hombre pues se autoexige  aniquilar cualquier halo de sensibilidad que pueda aflorar a través de los poros de su piel. Se le ha impuesto cual ley salomónica la represión de todas y cada una de sus sensaciones si estas van coaligadas a expresar alguna emoción. El cine, la radio, la televisión y la publicidad, se han encargado entre otros menesteres, de presentarnos a rostros casi esculpidos en piedra caliza para ofrecernos una imagen de virilidad sin parangón de modo que, ésta transmita determinación, rudeza e insensibilidad. Es algo convertido en vox populi y aquí, en nuestro país, sentenciado con el sobrenombre de macho ibérico: hombre fornido, piel curtida, pecho poblado, barba de tres días, gestos bruscos y modales nada refinados. Éste es el icono masculino por antonomasia, pensado y creado por otros a los que no hay que quitarles el mérito en cuanto a la confección de su campaña comercial. Todo un éxito. O es que… ¿ Alguien se imagina a John Rambo viendo Bambi? ¿A Adolf Hitler llevándole un ramo de rosas a Eva Braün? ¿Al emperador Octavio Augusto apostarse sobre el balcón palaciego mientras contemplaba  el atardecer sobre las siete colinas de Roma? ¿A nuestro Rick de Casablanca sollozando ante una puesta de Sol?  Cierto es que, son ejemplos tal vez demasiado extremos pero no exentos de un trasfondo común: la ausencia de romanticismo. Para acrecentar más si cabe la imagen de duro, al protagonista en cuestión se le provee de un cigarillo; otro símbolo equívoco de lo que es la hombría en realidad pero que, queda bien en pantalla y logra el efecto que realmente se pretende aunque otro efecto paralelo, provoque cáncer de pulmón producto de lo nocivo de los componentes del pitillo. El romanticismo en términos masculinos ha quedado relegado a ser expresado abiertamente sólo en círculos muy íntimos de tal forma que el pecador en cuestión, pueda hacer su confesión sin riesgo de ser detenido y humillado. Llorar es el arte de expresar emociones. No importa cuando, cómo, ni por qué siempre que se haga desde la limpieza del alma. Evitarlo, sería negarnos a nosotros mismos. Gracias a que sentimos, no somos como el espantapájaros incrustado en el campo de trigo que, ausente representa una imagen siniestra, impávida e inerte mientras las estaciones se van sucediendo una tras otra a su alrededor . Pero como en muchos casos sucede, ya no sólo es necesario poseer la facultad de sentir, sino de saber extraerla aunque afuera aguarden las fauces hambrientas del más feroz de los lobos.Como en tantas cosas en la vida, el hombre que es incapaz ya de conmoverse con la tormenta de una tarde de otoño  mientras las gotas gélidas de lluvia impactan contra el cristal de la habitación al tiempo que el color grisáceo invade la atmósfera, merece tal vez sufrir la maldición que la bruja del  popular cuento el “Mago de Oz”, cierne  sobre un leñador convirtiéndolo en hombre de hojalata sumiéndolo en una profunda consternación pues necesita con premura un corazón que le haga tener sensibilidad. Una vez más, resulta paradójico que haya que llegar a tales situaciones para valorar lo que se tenía. ¿Qué sucedería si nada importara? ¿Si tu vida transcurriera sobre una línea uniforme sin parábolas ni protuberancias?  En efecto, te habrías convertido en una estatua; ni siquiera un vegetal porque éste, de alguna manera también percibe sensaciones.<br />
La masculinidad, no puede quedar menguada jamás por lágrimas nobles y sentidas recorriendo las mejillas curtidas en mil batallas ante un suceso por el que vale la pena mostrar dolor, lo que realmente está al margen de toda masculinidad es el padre que abandona a su hijo; el “hombre” que agrede con sevicia a su pareja y en lugar de rosas le “regala” puñetazos;  el ejecutivo que acosa psicológicamente a sus empleados en lo que coloquialmente se conoce por mobbing; el político que por megalomanía  secciona la vida de personas inocentes tirando bombas a discreción pues persigue un interés particular; el violador; el pederasta…Esto sí son casos de falta de hombría pero, llorar por un hombre, una mujer, un niño,  un animal, un objeto, por la grandiosidad del universo o porque ésa estrella que todas las noches contemplabas ya no aparece en el firmamento, no es ni mucho menos propio de un pseudohombre dócil y flojo, sino un toque destacado de distinción sólo al alcance de almas verdaderamente grandes y evolucionadas.</p>
<p>                                                                Ángel Acosta</p>
<p> </p>
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		<title>Los libros son para las estanterías</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Aug 2008 01:04:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Orfeo Indómito</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>

		<category><![CDATA[Cultura]]></category>

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		<description><![CDATA[          Sí…hacía cierto tiempo que uno no regresaba por estos lares tan íntimos y acogedores. ¿Habrá sido el sol sofocante del verano que ha anulado por completo todos y cada uno de los pensamientos almacenados en mi mente aletargando a las neuronas? No, sería un condicionante demasiado superfluo. Más bien me acogeré al sublime proverbio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>          Sí…hacía cierto tiempo que uno no regresaba por estos lares tan íntimos y acogedores. ¿Habrá sido el sol sofocante del verano que ha anulado por completo todos y cada uno de los pensamientos almacenados en mi mente aletargando a las neuronas? No, sería un condicionante demasiado superfluo. Más bien me acogeré al sublime proverbio árabe que reza: “No hables si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio”. <span id="more-21"></span>Y eso es lo que he tratado de hacer por respeto al silencio. Algún día le dedicaré un post a eso tan especial de no decir nada, facultad siempre brillante para quien sabe administrar cuando, cuanto y cómo debe decir las cosas…pero más aun lo es el hecho de saber callar abriendo paso en reverencia a la paz que el propio silencio alberga. Tan necesario y tan escaso. Ya no porque esté en peligro de extinción, sino porque no se utiliza. Por eso los grandes sabios de todos los tiempos hablaban poco. La mayor parte de su tiempo lo pasaban reflexionando y, sólo cuando se les pedía consejo se pronunciaban aunque, lacónicamente. Cierto es que no se puede soslayar que tal estado de mutismo reposara también en la incomprensión que en la mayoría de los casos se recibe por parte de aquellos que se ajustan únicamente a nadar en aguas donde no cubre, por ello es inviable sintonizar con ellos y, en consecuencia los oráculos callan. Gastar saliva que no cala es como arrojar agua sobre una piscina rebosante. No surtiría ningún efecto.<br />
Hoy quiero entrar en materia rescatando una frase del insigne escritor estadounidense y premio nobel de literatura en 1962, John Steinbeck: “Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo”. No pudo ser más certero e ingenioso el autor del best-seller “Las uvas de la ira”, llevado a la gran pantalla por John Ford en 1940.<br />
Si hay algo que realmente represente cultura, ése algo es un libro. Porque a través de su contenido, se pueden descubrir nuevos mundos; apasionantes historias; pensamientos revolucionarios; detalles desconocidos hasta ése momento y un sinfín de legados más cuya lista sería cuanto menos interminable. Como la historia de Michael Ende.<br />
Hay que admitir, que cuando el acceso al conocimiento es prácticamente inexistente(como sucedía en la antigüedad), siendo pocos los que poseían el privilegio de leer y escribir ya no por desprecio, sino por una ignorancia que no tenía solución ya que el saber, de una u otra forma hace más poderoso a su poseedor y eso es algo que los grandes gobernantes de antaño no podían permitir: un pueblo culto capaz de pensar por sí mismo y por consiguiente de darse cuenta de las fechorías  practicadas por sus reyes camufladas en discursos ramplones donde el énfasis era más importante que el fondo de lo que se decía. De ésta forma, se desviaba la atención al tiempo que se mantenía entretenido al pueblo enalteciendo su animadversión para con los habitantes del territorio vecino. Leer es fuente de sabiduría y por tanto de conocimiento, cuanto más ignorante sea alguien, menos posibilidades tendrá de pensar sobre cómo combatir las hostilidades que sufre y ya no sólo a título individual sino que, aprovechando sus recursos los transmitirá a otros y éstos a otros y así sucesivamente. Por ello, desde la época de los romanos hasta el nazismo, uno de los objetivos preferidos de las hordas despiadadas entre contienda y contienda  han sido las bibliotecas; que incendiadas quedaban reducidas a cenizas sellando sus bocas para siempre y dejando a toda una civilización sin pasado, presente ni futuro provocando una pérdida total de memoria.<br />
Si se habla de leer, hay que mencionar inexorablemente a la que según los historiadores fue el origen de un extraordinario punto de inflexión  hasta nuestros días: la antigua biblioteca real de Alejandría creada a comienzos del Siglo III a.C. por Ptolomeo I Sóter. Llegó a albergar cerca de 900.000 volúmenes en los tiempos de Marco Antonio y Cleopatra. Existía un volumen que narraba desde la creación hasta el diluvio, incluso se podían encontrar alrededor de un centenar de  obras del dramaturgo griego Sófocles de las que hoy tan sólo quedan siete. Gran parte de la riqueza literaria de éste templo, se esfumó con el incendio sufrido por el mismo en el año 48 a.C y  atribuido a Julio César.<br />
Cuando toda posibilidad de saber queda restringida o en su defecto eliminada, es comprensible que nadie se preocupe por adquirir conocimientos.<br />
Entendamos pues que, ante libros requisados, censurados, quemados…todo afán es estéril pero, ¿Qué sucede cuándo un día nos despertamos en una sociedad aparentemente evolucionada dónde la escolarización obligatoria comienza a los tres años y concluye a los dieciséis?  Eso, después de que en 1990 se aprobara la ley Logse que venía a ser una reforma en la formación estudiantil española, porque antes de ello, con apenas trece años el estudiar en calidad obligatoria finalizaba. Es decir, cuando apenas se estaba  entrando en la adolescencia ya se podía dejar de lado los libros. Luego se habla a bocanadas de fracaso escolar mientras no se hace nada por evitarlo. Un estudio reciente, ha revelado que el 31% de alumnos de centros educativos españoles no acaba la ESO. La cifra es realmente alarmante. Asimismo, no es menos cierto que, no pocas asignaturas de las que se imparten, aportan bien poco y que en esencia, no van a ser de utilidad cuando llegue la hora de enfrentarse al mundo laboral. Pero claro, si la enseñanza obligatoria provoca arcadas, ¿Cómo se va a pretender hacer de éste país un lugar de lectores empedernidos? Al mismo tiempo, el entorno no ayuda precisamente a creer en el estudio cuando casi a diario se conocen las millonadas que cobran futbolistas, cantantes, actores&#8230;muchos de ellos con un cociente intelectual más gélido que un iceberg. Por tanto, una mente inteligente con frecuencia está condenada a intentar sobrevivir en  favor de otro que tal vez no sabe lo que son dos más dos pero que, sin embargo se dedicó a pegarle patadas a una pelota de trapo en las calles del barrio marginal de su ciudad y hoy, es un hombre rico.<br />
¿Para qué esforzarse en estudiar si se puede ganar el dinero de una forma más fácil y rápida? Porque al fin y al cabo, en muchos casos, no se estudia por pasión o vocación, sino por imposición o por el estatus social  y reconocimiento que te provoque cierta profesión a la hora de ingresar una cantidad determinada de dinero.<br />
Según la Federación de Gremios de Editores de España, aquí lee de forma habitual el 57% de la población, mientras que la media europea se sitúa en el 70%. Es decir, que somos el país de Europa donde menos se lee. Aun así, que se diga que más de  la mitad de los ciudadanos de éste país lee  me parece surrealista. Basta con salir a la calle y preguntar a algún transeúnte por Julio Cortázar, Aldous Huxley, Goethe o hacer la prueba de poner a escribir a alguien. Porque la cantidad de lo que se lee va en consonancia con la calidad de lo que se escribe y cómo se escribe. Ello queda patente en las faltas de ortografía o en la escasez de vocabulario. Leer lo que está de moda, es fácil porque casi todos  lo hacen por contagio, es decir, impulsados  por la curiosidad  porque es lo que la mayoría hace. Por lo general, actualmente no se lee por convicción, sino por inercia e imitación. Queda mal no leer al escritor de moda o echarle una ojeada al último grito literario. Ésta estadística también nos dice que, el 90% de los que abren un libro lo hacen con ánimo de entretenerse. Pero, un libro que sólo entretiene, es como una borrachera; una vez ha terminado no queda nada. Un buen libro, no sólo ha de entretener, crear expectación, incentivar nuestra imaginación, ha de contribuir a la transmisión de ideas y pensamientos para hacernos mejores de lo que somos. Pero también es entendible que, no es lo mismo enrolarse a bordo de un barco pirata que no conlleva ningún tipo de implicación personal que, arriesgarse a autodescubrirse desde el valor de enfrentarse a unas páginas capaces de remover nuestros cimientos existenciales ante argumentos que siempre supimos que estaban ahí pero que no queríamos ver. Por tanto, para muchos es más conveniente evadirse y zambullirse con el capitán Nemo en el interior del Nautilus bien protegidos cerrando el libro con la tranquilidad que da el saber que tan sólo era una aventura más de Julio Verne y que la escafandra la llevaba otro, en lugar de leer una historia que a parte de divertir, consiga hacerte pensar cuestionándote esos principios y valores que siempre creíste como válidos y que de un plumazo te han desbaratado.<br />
Incluso en revistas de carácter generalista, cuando se le suele hacer alguna entrevista a un personaje público, una de las preguntas que nunca falla es: ¿Qué libro estás leyendo ahora? Es esnobista  decir que se lee y más aun lo que todos leen. Por extensión, el lector real es aquel que, a parte de leer con regularidad, lee lo que realmente le interesa sin patrones externos que le indiquen sobre qué libro ha de poner su mirada.<br />
Luego resulta irónico echar la vista atrás y comprobar que nuestros antepasados no leían porque eran analfabetos y hoy sin embargo, no se hace porque requiere esfuerzo y concentración. Los libros, hace mucho que nacieron para vivir en las estanterías.</p>
<p> <br />
                                                                                            Orfeo Indómito</p>
<p> </p>
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		<title>El Iphone o el flautista de Hamelin</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jul 2008 23:56:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Orfeo Indómito</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>

		<category><![CDATA[Tecnología]]></category>

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		<description><![CDATA[      Pensar que lo has visto todo en ésta vida no es más que una errónea creencia cada vez que la actualidad nos visita a través de un suceso más impactante si cabe que el anterior. Cuando se vive en un orbe como el actual, donde casi a cada instante, recibimos por todos los frentes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>      Pensar que lo has visto todo en ésta vida no es más que una errónea creencia cada vez que la actualidad nos visita a través de un suceso más impactante si cabe que el anterior. Cuando se vive en un orbe como el actual, donde casi a cada instante, recibimos por todos los frentes bombardeos incesantes de información y nuestro rictus permanece inmune a tal aluvión ante tamaña costumbre que ya ni siquiera un músculo diminuto  de la faz osa insolente reivindicarse de forma fortuita, de repente volvemos a asistir a una nueva entrega de show circense protagonizado por una legión de frikis desesperados como aquel que vaga a tientas en medio de la más absoluta penumbra buscando alimento.<span id="more-20"></span><br />
Lo acaecido el pasado Viernes 11 de Julio de 2008 en 20 países incluido España(of course),  pasará presumiblemente a los anales de la historia más ruin y esperpéntica ( si Valle-Inclán resucitara quedaría en estado catatónico), en términos consumistas.<br />
A priori, parece que uno ante semejante presentación puede dar a entender que la  misma  no viene sino a anticipar una catástrofe comparable a la erupción del Vesubio en el año 79 d.c. que acabó con todo ser viviente en la antigua ciudad italiana de Pompeya.<br />
La lectura que haría de esto sería la siguiente: aquellos no escaparon de la hecatombe porque no pudieron, en cambio, los actuales pudieron pero no quisieron. Es la diferencia sustancial.<br />
Las colas interminables de gentío a lo largo y ancho de éste país  circundaban todo edificio ufano de albergar en uno de sus bajos, un establecimiento de la multinacional española Telefónica presto y dispuesto a comercializar en exclusiva la “última” virguería tecnológica del genio y fundador de la empresa informática Apple Inc. amén de Pixar Studios: Steve Jobs.<br />
El aparatito en cuestión responde al nombre de Iphone y estos días es tan adorado y venerado como cualquier oscuro objeto de deseo lo es de manera perenne de cada mortal que se precie.<br />
Que Jobs, un hombre hoy de 53 años que abandonó la Universidad a los 17  tan sólo a los seis meses de entrar en la misma porque no podía costeársela a dado de nuevo en el clavo, es una prueba más que evidente.<br />
No obstante, con 20 años, ideó en el garaje de su casa junto a su amigo Steve Wozniak, todo un sistema operativo informático que una década después daría empleo a 4.000 personas: Apple I.<br />
Lo bien cierto es que el primer lanzamiento del Iphone tuvo lugar el 29 de Junio de 2007 pero sólo en Usa. Una semana después ya se habían vendido un millón de unidades.<br />
¿Tocado por una varita mágica? Obviamente no. Lo que éste hombre realmente posee es un sexto sentido traducido en una intuición fuera de serie. Conoce al detalle los gustos del consumidor y la respuesta que éste tendrá cuando sus artículos infesten el mercado.<br />
Ya lo demostró no sólo aquel día célebre en la trastienda del hogar de sus padrastros sino que, lo ha venido repitiendo a la par que reafirmando en cada cosa que su titánica mente es capaz de  crear.<br />
Baste reseñar a modo de recordatorio la que armó el 23 de Octubre de 2001 en el espectro tecnológico cuando sacó a pasear su ya archiconocido Ipod. Un objeto con disco duro integrado capaz de reproducir audio en formato Mp3 y en los modelos más recientes hasta vídeo. No va mucho más allá de lo que puedan aportar los reproductores más convencionales del sector excepto por la densa capacidad de éste, un diseño vanguardista y llamativo en forma y color acompañado de un tamaño reducido. Son las claves que éste californiano utilizó en esencia para subyugar a un cliente ávido de novedad, exhibicionismo y compra compulsiva.<br />
Porque si hay algo que también caracterice a las criaturas de Jobs, es su elevado coste.<br />
No obstante, el Ipod más simple se podía adquirir al “módico” precio de 250 euros. Pero…¡Qué más da! Molaba y mola tener uno. Es la moda, la novedad…estar fuera de ella, es como vivir en otro planeta; es quedar obsoleto, desahuciado, marginado…<br />
¿Qué importancia tiene dejarlo olvidado en un cajón, acosado por el óxido  cuándo realmente lo compraste en el momento qué tocaba? La sinrazón del despilfarro por estar a la última derivando en consecuencias nefastas sazonadas de dramatismo ante la imposibilidad para asumir el gasto de lo básico pero, arrebatándoselo de esto con tal de no ser menos que los demás simplemente están muy por encima de cualquier cuenta corriente  en números rojos. Que se vive menos de prestado si se alardea de cacharrito ante el asombro y complicidad del lelo de turno que sigue el juego al lelo mayor reforzándole a éste para seguir siendo cada día más lelo aún.<br />
El papá o la mamá malcriando al nene porque se encaprichó del juguetito. Una “ilu” que tan pronto como llega se diluye y que cuesta cara, muy cara. El cariño no se compra con dinero pero, desafortunadamente algunos así lo creen y luego en consonancia así les va.<br />
El Iphone lo ha vuelto a demostrar. Hasta que punto algunos son capaces de pasar la noche anterior a la intemperie con tal de asegurarse la compra de éste teléfono móvil multimedia con capacidad para navegar por internet  y tecnología Gsm, Edge y 3g. Estamos pues ante un celular de tercera generación, es decir, similar en cuanto a prestaciones a otros existentes en el mercado que además, por poner un ejemplo, su cámara de fotos tiene una definición de tan sólo 2 megapíxeles sin flash  cuando otros sí disponen del mismo y además con una resolución de 5  megapíxeles. Por extensión cabe destacar también, la imposibilidad de grabar vídeo a no ser que se le instale una aplicación correspondiente que no va incluida en el aparato en su fabricación. Tampoco permite( de momento), el envío de mensajes multimedia o MMS algo que sí hacen otros terminales.<br />
¿Dónde está el caramelo? De nuevo en alguna que otra innovación como por ejemplo su pantalla táctil o pantalla para vagos. Ya no hay que teclear, sólo deslizar un dedo para realizar todo tipo de funciones manejadas desde el consiguiente menú  y…¡Voilá!. Que cool es eso de poder controlar tu móvil con un dedito, te sientes más poderoso/a. Incluye asimismo conectividad Wi-Fi, es decir, un sistema de envío de datos sobre redes inalámbricas que utilizan para su funcionamiento  ondas de radio. Un sistema por cierto, aun por pulir que no da pocos problemas precisamente provocando un efecto intermitente en la conexión.<br />
Para la ironía más descabellada queda, que incorpora las funciones del Ipod o lo que es lo mismo, quienes sucumbieron al primero y han sucumbido al segundo se han gastado el dinero por partida doble cuando éste último es un dos en uno. El negocio ha salido redondo.<br />
Aquí, en “La piel de toro”, el modelo más modesto con capacidad para 8 gigabytes de memoria alcanza los 150 euros, mientras que el de 16, se sitúa en algo más de los 250.<br />
Cierto es que los más ingenuos, pensarán que pueden adquirirlo gratis reparando a comprometerse según la letra pequeña a gastar durante los dos próximos años 2366 euros (Iva incluido), a través de un contrato de permanencia obligatoria previo al compromiso  de gastar 25 euros al mes en datos  y 60 en llamadas.<br />
Nunca fue tan acertado aquello del refranero popular de: “lo barato sale caro”.<br />
En cualquier caso, las cifras y previsiones abruman  por sí mismas:<br />
-Los expertos analistas estiman que se venderán 10 millones de unidades antes de que concluya el año( lo equivalente a dos veces la población de Madrid).<br />
- Más de 200.000 personas se han registrado en la página web  del Iphone de Movistar.</p>
<p>  El efecto Iphone no ha hecho más que arrancar a través de su potente maquinaria<br />
  cuya música emana una armonía encantadora como si del flautista de Hamelin se     tratase dirigiendo y controlando voluntades allá por donde quiera que irrumpa su silueta  engalanada cual estrella rimbombante del music-hall tecnológico.<br />
Y todo esto sucede mientras la crisis asola a gran parte de los ciudadanos del país; mientras deja un reguero(de momento) de casi dos millones y medio de desempleados; mientras 120.000 familias en España admiten tener problemas para pagar su hipoteca; al tiempo que aumenta un 64% la suspensión de pagos de las empresas españolas…Claro que, teniendo en cuenta que Johnny Gladwell, un estudiante australiano de 22 años natural de Auckland  se ha convertido en la primera persona del mundo en adquirirlo tras una insufrible espera de 60 horas bajo un intenso frío y que un joven japonés de Nagoya, esperó durante tres días en la puerta de una tienda para tener su Iphone ante la impaciencia de otras mil 1500 personas que esperaban su inolvidable oportunidad aguardando cual posesos su turno en la principal tienda de Tokio, todo es posible en ésta especie de harakiri que muchos no estarían dispuestos a realizar si se tratara de un padre, una madre, un hermano, una novia, un hijo u otro ser querido porque, tener un Iphone, mola.<br />
                                                                                               Orfeo Indómito</p>
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		<title>Televisión: ¿Cultura o evasión?</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Jun 2008 01:14:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Orfeo Indómito</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>

		<category><![CDATA[General]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>      Había ganas de nuevo post. Lo sé, se mascaba  en el ambiente. Era algo así como el torero que está realizando una excelente faena e intuye que más pronto que tarde la ovación estruendosa del público persuadirá al presidente de la corrida para que conceda al matador la dos orejas y el rabo como señal de reconocimiento ya no por congratularse para con los asistentes claudicando ante el aluvión de pañuelos blancos agitándose al viento,  sino porque realmente, su elegancia con la muleta, dominio del capote y serenidad con el estoque, son simplemente deslumbrantes aunque, dicho sea de paso, uno no comulgue ni por lo más remoto con “el arte de la tauromaquia”. <span id="more-19"></span>Que sirva la metáfora e ironía de éste comienzo, para ofrecer una nueva entrega descarnada a la par que inquietante de éste reino cuyo nombre obedece a leerduele.com, para intentar de nuevo, sonrojar a todo aquel paria cuya  dedicación en la vida, es no dedicarse a nada, sino más bien incentivar su propia sordidez interna desde los adornos con ramas de ciprés que porta  rodeando su cabeza cual tumba anacarada bajo la sombra de éste árbol, tan común en los camposantos.<br />
Por si alguna duda queda dijo Arthur Schopenhauer: “Cien necios en tropel, no equivalen ni a un sólo hombre cabal”.<br />
Para éste post, he fijado mi mirada en algo tan adorado como odiado  con lo que todos nosotros coexistimos y convivimos a diario: La televisión.<br />
Desde luego que, John Logie Baird, ingeniero, electricista e inventor escocés,  nunca pudo imaginar en vida la trascendencia que iban a suscitar en toda la humanidad aquellas pruebas realizadas en 1926 y que acabarían convirtiéndose en el sistema de comunicación más potente inventado nunca. Aquí, lógicamente se podría debatir y dar pábulo a la radio, sobre todo por su inmediatez, pero como una imagen vale más que mil palabras, le concederemos a la “caja tonta”, el honor de ostentar el número uno.<br />
En España, el revuelo y la admiración se aglutinaban un 28 de Octubre de 1956 cuando lo que hoy conocemos como “La uno”, arrancaba tímidamente a través de su primera emisión obviamente en blanco y negro. No sería hasta 1965, es decir, nueve años después cuando los pocos afortunados que por aquel entonces disponían de un receptor de imágenes iba a poder disfrutar de un segundo canal: Había nacido el UHF. Estos hechos que antaño fueron un hito, hoy no dejan de ser una mera anécdota arrastrada por la nostalgia. Resulta curioso. Se ha hecho tan habitual que ni cortos ni perezosos pasamos por su lado a lo largo de distintas fases del día mostrando ésa indiferencia  propia para con todo aquello que ha estado siempre ahí.<br />
Como todo invento, éste también es útil si se sabe utilizar convenientemente. Es decir, un medio de comunicación que se precie de riguroso, plural,  veraz y otros calificativos, es sin duda una buena herramienta de información, formación y entretenimiento.<br />
El problema viene cuando entre otros aspectos, se utiliza exclusivamente como evasión o válvula de escape. Un acto que convierte a quien lo lleva a cabo en alcohólico televisivo difícil de reinsertar por la vía del conocimiento y la sabiduría.<br />
Es cómico escuchar a quien ufano afirma que la televisión embrutece. Realmente quien la embrutece es el espectador masivo que demanda cuanta más polución y amarillismo mejor. Ése consumidor, sin rumbo que navega a la deriva entre un canal y otro, ése piloto de escuadrón que a través de su mando a distancia entra en barrena desde su confortable sofá, mientras una amalgama de imágenes ramplonas invaden sus pupilas envolviéndole en un torbellino embriagador.<br />
No obstante, según los datos más recientes, en España el promedio de tiempo por persona frente al televisor es de tres horas y media diarias, lo cual deja a las claras el tremendo poder de seducción y convocatoria que atesora éste “inofensivo” electrodoméstico causante entre otras virtudes de la cada vez mas extendida incomunicación. Y es que, mientras más entretenido pueda estar uno, menos tiempo dedica a pensar en lo que realmente es importante para con su vida. Se sumerge en ése mundo surrealista creyéndose protagonista de la telenovela de amor de turno; fan del sempiterno programa bizarro musical de nuevos pseudotalentos; jugador frustrado  del equipo de su ciudad o pueblo; víctima de la noticia estrella del informativo y todo, cuando al día siguiente ha de levantarse al alba para reencontrarse con una existencia carente de sentido, desarrollando un trabajo que más que un fin para obtener un salario a final de mes es un camino de penitente que parece no atisbar halo de luz. No es que la televisión sea mediocre, es que el espectador la hace tal a través de una elección compulsiva ávida de consumir lo zafio.<br />
Para ello, ya está ése aparatito llamado audímetro. Un dispositivo implantado en nuestro país allá por 1992, que se encarga de transmitir a los jerifaltes de las grandes cadenas, qué tipo de programas son los más demandados por la audiencia. Como en la antigua Roma, el emperador daba  a la plebe lo que ellos deseaban. Entonces, eran vampiros necesitados de sangre sobre la arena del coliseo , hoy en gran parte, son curiosos de lo ajeno pero no desde un prisma elegante o selectivo, sino desde la mayor bajeza que puede existir: conocer al detalle  las miserias de los demás. Saben más acerca de las vidas de otros que de las de gran parte de su propia familia. Es lo que tiene vivir casi todos los días en el interior de una burbuja aislado de todo y de todos. Cuanto más espeluznante sea la imagen y más desoladora la noticia, más atractivo tendrá al margen de que se vulnere la privacidad y el honor de sus protagonistas. Todo vale con tal de acaparar la atención y muchos bustos parlantes alojados en los informativos saben bien que por lo general sólo lo dramático genera expectación. De eso viven: de acrecentar la polémica exprimiendo al máximo hasta la última gota fétida que sirva para proporcionar buenos índices de audiencia. Por lo general, el mal olor suele tener un rastro más denso. Por ello, deja poso.<br />
Con toda ésta actitud, todo programa creado por y para formar, ha sido si no destruido, relegado al más absoluto ostracismo de una madrugada gélida de invierno tan sólo acompañado por el tic-tac del reloj de pared.<br />
No es por tanto sorprendente que, para localizar éstas escasas joyas televisivas haya que trasnochar a cuenta de formar ojeras que,aunque amoratadas queden impregnadas por el desvelo de la cultura y no  es extraño a colación,  que el chispeante Groucho Marx, comentara en cierta ocasión: “Cada vez que, alguien enciende la televisión me voy a mi cuarto y leo un libro”.<br />
Tengo el convencimiento severo, de que si la programación televisiva se modificara  en aras de una mayor difusión cultural  a todos los niveles, obtendría la misma o mayor acogida que hasta ahora  por la sencilla razón del consumo por el consumo, sin más pretensión de fondo. Ahora bien, para que tal efecto cobrara cuerpo pudiéndose consolidar en todos y cada uno de los lugares en los que se hallase una televisión, todas las cadenas sin excepción tendrían que abogar sin vacilar por emitir los mismos contenidos evitando con ello desmarcarse del resto y dividir al espectador. Algo similar a lo que se ésta haciendo hoy en día pero, en el sentido opuesto.<br />
Lamentablemente ello supondría innovar y,  en un medio tan previsible y anquilosado como la televisión todo ha de estar perfectamente preparado sin dar lugar a la inesperada sorpresa. El control absoluto sobre todo aquello que vaya a suceder es premisa fundamental en éste medio en el cual incluso eventos que, aparentemente son en  directo, ofrecen un margen de algunos minutos de retraso sobre lo que está ocurriendo en ése preciso instante para evitar cualquier sobresalto.<br />
Como siempre, hay mucho dinero en juego. En éste caso, proveniente de la publicidad, principal fuente de ingresos para que cualquier medio de comunicación pueda sobrevivir en óptimas condiciones. Lógicamente, el anunciante busca repercusión y sabe que la logrará no apareciendo en el programa de mayor calidad, sino en el más visto.<br />
Por eso, algunos son incluso retirados de la parrilla apenas acaban de nacer.<br />
No hay tregua, ni talento, ni simpatía para todo aquello que no sea capaz de conectar con el público.<br />
La exigencia sobre  todo lo que aparece en pantalla es tan extrema que hasta las muecas de algunos presentadores están ensayadas. Es el juego archiconocido de aparentar naturalidad, cuando en realidad todo está minuciosamente preparado y concebido.<br />
“El cuarto poder”, término acuñado por el político anglo-irlandés Edmund Burke, en el siglo XVIII, vino a reconocer la influencia tan poderosa que puede ostentar un medio de comunicación tras los poderes: legislativo, ejecutivo y judicial  preestablecidos por el correspondiente Gobierno.<br />
Aquí, ya entraríamos en la vertiente sutil sobre cómo hacer del periodismo algo verdaderamente eficaz de tal calado  que la información sea manipulada para conseguir que un determinado mensaje llegue exactamente a su receptor  como se pretende y no de otra manera que pudiera repercutir negativamente en su emisor aunque con ella resplandeciera la verdad en detrimento de la mentira. Pero con frecuencia, si la verdad es incómoda, es mejor disfrazarla o en último caso esconderla.<br />
Así que posiblemente, para muchos es más reconfortante limitarse a existir contemplando sin gesticular y consumiendo con apetito voraz todo deshecho que fluye por las aguas fecales de la televisión mientras al mismo tiempo que navegan por la misma se quejan cínicamente de lo insana que es, cuando ellos mismos han elegido el canal sobre el que pasear su barco en cuya popa se puede leer: Ignorancia.</p>
<p> </p>
<p>                                                                             Orfeo Indómito</p>
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		<title>¿Orgullo de ser gay o de ser persona?</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Jun 2008 18:32:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Orfeo Indómito</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[                 Sí, sí…ya sé que uno aborda un tema tabú a la par que controvertido donde los haya y no tendría tal que serlo, entre otras cuestiones porque, vamos a empezar poniendo los puntos sobre las íes a través de su correspondiente escudriñamiento con total y absoluta naturalidad y porque éste blog tiene por título [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>                 Sí, sí…ya sé que uno aborda un tema tabú a la par que controvertido donde los haya y no tendría tal que serlo, entre otras cuestiones porque, vamos a empezar poniendo los puntos sobre las íes a través de su correspondiente escudriñamiento con total y absoluta naturalidad y porque éste blog tiene por título <a href="http://www.leerduele.com">www.leerduele.com</a> , por tanto los convencionalismos para el resto de la blogosfera.<span id="more-18"></span><br />
Desde que los seres humanos por sí mismos existen sobre la faz de la Tierra, es decir,  aproximadamente según datan los fósiles encontrados por los arqueólogos  atribuidos al hombre de cro-magnon que nos trasladan a hace 40.000 años, dentro de la etapa conocida como paleolítico superior, los antropólogos saben bien que desde entonces no ha existido como atracción única, la representada entre un macho y una hembra sino que, la homosexualidad ha estado presente desde que se conoce  el deseo. Otra cuestión es que se quiera admitir tal situación u optar por preferir esconderla obedeciendo a una evolución más proclive a lo políticamente correcto que a la realidad de la misma.<br />
Sabemos por los historiadores, esculturas y frescos  de otras épocas que las bacanales en la antigüedad eran frecuentes y que las mismas no entendían de distinción entre uno u otro sexo. Miembros de las clases acaudaladas solían tener sirvientes o esclavos con los que se  desfogaban dando rienda a sus instintos más primarios al margen de la plebe.<br />
La tendencia sexual de cada cual jamás ha entendido de clase o condición porque la misma, está en el interior de cada ser desde el momento de su nacimiento y ésta, como pertenece genéticamente al individuo, como tal se desarrolla. Otra cosa bien distinta es la opinión generalizada que se haya creado a la par que extendido respondiendo a una doble moral amparada como siempre, en intereses creados por disuadir y exterminar a lo que no se considera como normal o aceptado por la mayoría.<br />
Así, la propia humanidad  ha ido “evolucionando”, con el paso del tiempo preocupándose de mantener apartados cuando no perseguidos a todo/a aquel capaz de mostrar ciertos síntomas de atracción hacia otros de su mismo sexo bajo incluso el  asesinato “justificado”. Como ejemplo de lo arcaicas e involucionadas que pueden ser algunas mentes, basta con  colocar de relieve al extraordinario escritor, poeta y dramaturgo irlandés Óscar Wilde, quien dio con sus huesos en la cárcel por el mero hecho trascendental de mantener una relación homosexual con un lord inglés hijo del marqués de Queensberry,  llamado Alfred  Bruce Douglas. En la  actualidad, se sigue castigando semejante condición  con  penas de prisión en algunos países de África y Asia para con quien ose insinuarse de forma “impúdica” a un igual.<br />
Toda ésta agresiva  caza de brujas, no ha hecho otra cosa que amilanar y arrinconar a todo aquel que aun teniendo un sentimiento natural, se ha visto  obligado a suprimirlo en función de las consecuencias que le esperaban si lo manifestaba.<br />
Por todo lo reseñado con anterioridad y presumiblemente en un ataque de libertad sin parangón, nació en la madrugada del  28 de Junio de 1969 el día del orgullo gay cuando  <br />
en la posada Stonewall,  irrumpió un grupo de  policías con la finalidad de efectuar una redada de forma indiscriminada contra todo homosexual declarado linchando a todo aquel que encontraban a su paso y la oposición tan feroz que sus ocupantes hicieron contra las fuerzas de seguridad.  Se cuenta que, tal situación tuvo lugar justamente cuando  por los altavoces del recinto, se escuchaba  la canción “ Over the rainbow”, (un lugar más allá del arcoiris), de la actriz Judy Garland,  de ahí el colorido de la bandera y emblema gay.<br />
Un himno que hace apología de la realización de los sueños y la desaparición de los problemas.<br />
Ahora bien, que un suceso tan desagradable y sectario como éste tenga un antes y un después en todo aquel que se sienta identificado con él es una cosa y que éste sirva como una reafirmación mal entendida es otra.<br />
Desde el preciso momento en el que uno, decide desmarcarse del resto hasta incluso señalando  en rojo un día del calendario para hacer de él festividad ya no nacional, sino  mundial, ya se está autoexcluyendo pues ya no es que esté plenamente satisfecho con vivir de una forma más libre sino que busca repercusión inusitada para que los demás se den por enterados sobre algo que, considero es estrictamente personal e íntimo.<br />
Al margen de la represión que se haya sufrido, lo más pertinente sería vivir cada uno de forma despreocupada sus  apetencias sexuales, sin hacer de ello un espectáculo ostentoso rayando en presumir ridículamente de uno mismo.<br />
Esta actitud ayudaría muchísimo más al progreso de todo aquel que ha sufrido en silencio la animadversión de otros que no sentían como él comportándose de forma completamente espontánea y natural como hace cualquier homosexual fiel a sus principios que se precie. El ampararse o mezclarse entre la multitud un día al año  para airear a los cuatro vientos los gustos particulares que uno tiene en éstos tiempos, sólo puede ser tachado de cobarde e inconsecuente ya que se necesita de un acontecimiento con  semejante magnitud para salir de la madriguera mientras se juega el resto del año a guardar las apariencias.<br />
Los propios locales temáticos de ambiente, que para tal menester existen no hacen otra que provocar retroceso en una idea que ha costado muchísimo extender en las sociedades de  todo el mundo, automarginándose al apostar por un segmento determinado de la sociedad en lugar de convertirse en un foro de reunión, encuentro y esparcimiento sin exclusiones de ningún tipo, es decir para todos independientemente de si el gusto es por  los hombres o por  las mujeres.  Conseguir que una persona heterosexual no se sintiera desplazada al visitar estos lugares sería un distintivo de pluralidad que acabaría con el funcionamiento de muchos de los mismos pues ya no existirían locales con una u otra etiqueta sino, simplemente locales donde todos se pudieran fusionar y compartir sus ideas de manera libre y democrática.<br />
Es difícil que una sociedad acepte a quienes se avergüenzan por amar de un determinado modo porque con ello, se convierten en cómplices de quienes no aprueban cierta conducta. Quien vive conforme a sus valores e identidad, al margen completamente de lo que opine el resto, se siente mejor en su esencia.<br />
Lamentablemente, hay pocos que pese a todo, sean capaces de “salir del armario”,  en un país donde muchos medios de comunicación siguen refiriéndose a gays y lesbianas como colectivos,  es decir, se acuña una palabra para definir cierta orientación sexual.<br />
No se ha escuchado a ningún presentador de informativos hasta la fecha, leyendo en el teleprompter la palabra colectivo, atribuyéndola a personas heterosexuales. Una vez más, fomento de la marginalidad y por extensión de la quintaesencia de la involución.<br />
Para colmo, se crea la expresión “salir del armario” con la intención de identificar a todo aquel que en un momento determinado reconozca su homosexualidad en un intento de modernizarse cuando ello está más cerca de lo banal que de lo progresista. Quizá es que algunos quieren ser tan modernos, que prefieren adornar una frase para evitar afrontar un significado con la connotación que realmente tiene.<br />
Al mismo tiempo, no pocas  personalidades públicas, pertenecientes al mundo de la política, el deporte, el cine…siguen alimentando el retroceso bajo la negación de un sentimiento universal sin reparar en  el perjuicio que semejante postura causa ya no sólo en ellos para con su vida cotidiana sino en todos aquellos que podrían seguirles al alimón viendo como ejemplo el hecho corriente de admitir un sentimiento en una celebridad con millones de seguidores a lo largo y ancho del globo sin que por ello sienta como su carrera se va a ver mermada por la respuesta, el consiguiente efecto y el precio a pagar que semejante acto de identidad  podría tener entre  los intolerantes ante tamaña noticia.<br />
Es el precio que muchos prefieren seguir pagando para vender más discos, hacer más películas y obtener mayor número de votos. Es decir que, reconocer lo que uno es va condicionado a los beneficios que ello pueda proporcionar aunque la vida se torne un teatro adalid de la demagogia y la  hipocresía.<br />
Luego, no deja de ser paradójico en los que promueven tales comportamientos escuchar que todo esto es responsabilidad de una parte de la sociedad que aun ni lo aprueba, ni lo acepta.<br />
Sin duda, es más tranquilizador para continuar caminando por el camino de la doble moral con la conciencia tranquila echar la culpa a los demás cuando uno mismo con su propio juego, agranda el problema.<br />
Tal vez todo esto termine, el día que nadie persiga la notoriedad frivolizando para con sus sentimientos y los viva lejos de arrumacos furtivos;  cuando no existan publicaciones que escriban sobre los amoríos homosexuales de una celebridad buscando con ello el escándalo, ni consumidores de tales rotativos impregnados de morbo; cuando los adictos al correveidile no sean escuchados y su opinión quede lejos de ser tenida en cuenta; cuando “salir del armario” no represente una moda o una tendencia; cuando no se utilice una manera determinada de vestir que sirva como reclamo para que otros detecten si se entiende o no;   quizá entonces, ya no habrá nadie apostado en el balcón que contemple la escena con estupor censurándola porque ello formará parte de la propia sociedad integrada y evolucionada.</p>
<p> </p>
<p>                                                                                Orfeo Indómito<br />
 </p>
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		<title>&#8220;No te quiero, pero no me divorcio&#8221;</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Jun 2008 13:45:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Orfeo Indómito</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[  “Te amo no por lo que eres sino, por lo que soy cuando estoy contigo”. Esta sentencia, que unos atribuyen al escritor estadounidense Ray Bradbury y, otros la consideran anónima, me ha servido de inspiración para ya no sonreír a lo Charlie Rivel, sino para explotar con una carcajada antológica, como ésa que se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>  “Te amo no por lo que eres sino, por lo que soy cuando estoy contigo”. Esta sentencia, que unos atribuyen al escritor estadounidense Ray Bradbury y, otros la consideran anónima, me ha servido de inspiración para ya no sonreír a lo Charlie Rivel, sino para explotar con una carcajada antológica, como ésa que se escucha al final del vídeo “Thriller” de Michael Jackson.<span id="more-17"></span><br />
Y es que, cuando uno se despereza y se encuentra con el siguiente titular en las páginas de un periódico siente como si una fuerza sobrenatural le impulsara sin remisión a escribir un post sobre el asunto: “Los apuros para pagar la hipoteca, reducen la tasa de divorcios”.<br />
Es decir que, aquello de los ideales en cuanto a los que han seguido ésta premisa queda para soñadores empedernidos, adictos a la ciencia-ficción o a cualquier cosa que sugiera sumergirse en mundos de fantasía porque, efectivamente y una vez más, hay que dar gracias a los acontecimientos que, nos permiten arrebatar de golpe la máscara a aquellos que se postulan como estandartes del amor llenándoseles la boca de orgullo y satisfacción en cuanto hablan de su partenaire más íntimo.<br />
Miserables y mezquinos. Como poco son  las palabras que tienen que figurar en la parte trasera de la camiseta siempre que juguéis un partido de fútbol. A tenor de vuestra actitud, doy por hecho que incluso seríais capaces de marcar un gol  en vuestra propia portería  aun estando disputando un mundial ya que sois fácilmente interesados, moldeables, exentos de moral y con trastorno bipolar. Un cuadro, en términos médicos que sufren aquellos que tan pronto son malvados como bondadosos. Vamos, como El Doctor Jeckyll y Mr. Hyde de la obra de Robert L. Stevenson.<br />
Así que, eso de el “contigo pan y cebolla”, es una memez siempre que, el bocata en cuestión nos lo comamos resguardaditos de la lluvia, al calor de un hogar  y, descansando sobre un confortable sofá. Ah, y que no falte el elixir bucal para eliminar el aliento a cebolla que, besarse así, en tales circunstancias, para algunos/as es verdaderamente asqueroso. Imagínate, saliva con olor a cebolla, puaj . ¿Cuánto amor verdad? Los labios para besarlos, han de despedir esencia de azahar o jazmín, si no,  ya no son esos labios carnosos y sinuosos que tanto nos excitan. Que pronto aparece el encanto y qué rápido se va. Sí, evidentemente, esto no es encanto alguno, es conveniencia.<br />
¡Qué fácil resulta  escupir una palabra tan sagrada de la forma más estúpida e irracional! Se ha usado tanto, que incluso habrá que darle la razón a Patrick Swayze en “Ghost”, cuando le comenta a Demi Moore: “Decir te quiero ya no significa nada”. Por eso, él prefiere responder con “Ídem”, cada vez que ella se lo dice.<br />
“La belleza está en el interior”. Desternillante.  Eso sólo lo hemos visto en la “Bella y la bestia de Disney” y, al final el ogro se convierte en un príncipe. Didáctico ejemplo.<br />
El rotativo, sigue dejándonos más perlitas: “Las rupturas matrimoniales han caído un 22% por la crisis”. La verdad es que, la primera vez que me contaron aquello de : “Fulanito se ha ido a vivir en pareja con sotanita para que le ayude a pagar a hipoteca”, me sonó surrealista. No podía dar crédito. Me costaba entender  que existieran especimenes tan ruines capaces de compartir su vida con alguien no porque realmente lo amaran,  desearan o les motivara sino porque de ésta manera, su economía no pasaría los apuros que en otras circunstancias les impedirían comer un filete en lugar de un huevo cocido o, seguir presumiendo con el coche de alta gama evitando llevar otro más modesto.<br />
 Es decir, como viene curva, utilizo a otro/a en nombre del amor (cosa que también hacen otros cuando quieren cometer una atrocidad apelando al nombre de Dios así quedan eximidos de toda responsabilidad y nadie les podrá señalar con el dedo). De éste modo, seducir a alguien para que en el fondo aporte dinerito contante y sonante, es menos sobrecogedor que embaucarle para acabar liquidándolo en términos psicópatas aunque no ajeno a ello ya que, sin duda alguna tal maniobra se efectúa con premeditación, alevosía y nocturnidad. <br />
Pero ya no sólo es que el otro ayuda y mucho con su salario  exento de sentimientos, sino que además, como los ingresos que aporta son “vitales” para  no tener que estar revisando la cuenta bancaria todos los días y acudir a la entidad financiera con cara desencajada , mejor seguir así que ser uno propiamente responsable de su vida y con ella de los gastos que de ésta se deriven.<br />
Para algunos el silencio místico de la soledad o la autoestima y el valor personal  para recorrer con autoridad su propio camino al margen de los deshechos  de casquería que encuentren por él  renunciando a ellos aunque proporcionen quimérica estabilidad, tiene una prioridad menor.<br />
En circunstancias más boyantes por parte de ambos, lo de darse una segunda oportunidad no es ya que no existiría sino que ni siquiera quedaría contemplado porque cada uno con su sueldo podría seguir llevando la vida que deseara …¿Qué deseara? Pero, ¿Acaso no es en plural ya que son una pareja? Visto de ése modo, así es como debería de ser, pero los datos, pensamientos y comentarios expuestos aquí reflejan lo contrario.<br />
La dignidad y el honor quedó para  Russell Crowe encarnando al general Máximo Décimo Meridio en “Gladiator”, por ello tal vez le concedieron el premio óscar, por lo insólito que resulta ése comportamiento en los tiempos que corren.<br />
El empeño egoísta y sórdido de poner etiquetas maquinando acerca de cuanto es lo que el otro nos puede aportar en lugar de contar con lo nuestro como sería lo realmente  honesto y decente lleva a muchas personas a aguantar todo tipo de insultos, flagelaciones y faltas de respeto porque…¿Adonde irá con su sueldo limitado? ¿Volver a casa de algún pariente? Inconcebible. Mejor seguir con la correa y el bozal puesto llevando una vida de sometimiento cual esclavo autómata  antes que defenderse con uñas y dientes aunque con ello la consecuencia sea el perder a quien “tanto te amaba”, quedándote solo/a desamparado/a. Así que, esperarás tiempos mejores para divorciarte porque ahora económicamente no te interesa, aunque mirar a tu pareja cada día  te produzca el mismo efecto que ver un excremento. “Con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley” Rezaba la celebérrima ranchera de José Alfredo Jiménez. Un canto a la fortaleza de uno mismo, a la fe,  la decencia, el pundonor,  las bofetadas propias de la vida asimiladas sin con ello arrastrar ni utilizar a nadie para satisfacer los propios propósitos. Una obra de arte. Porque la música bien compuesta, es eso;  poesía melódica con sentimiento.<br />
Lo bien cierto es que, desde de la aprobación de la  ley denominada como  “divorcio express” en Julio de 2005, el número de divorcios en España se triplicó hasta llegar a las 274.000 rupturas aproximadamente hasta Marzo de 2007.<br />
No deja de ser paradójico que una ley que muchos esperaban con  verdadero fervor al permitirles poner punto y final a una relación sellada burocráticamente en apenas un mes,  ahora resulta que el espectro de la crisis que asola a todo el país, influye directamente en la ralentización de los sentimientos. Y es que, del “Sí quiero” pronunciado entre bambalinas, al “Sí quiero”, de la inverosímil subida de precios,  del tráfico, la contaminación acústica, los aumentos  descomunales del euribor, la dificultad para engendrar hijos, la complejidad para conciliar vida profesional con personal, los salarios basura, la inestabilidad laboral…hay una diferencia tan infinita que es capaz de teledirigirnos las emociones,  con la misma rapidez con la que se parpadea tratando de cambiar el panorama visual desde el capricho de la imaginación.<br />
Shakespeare hoy no habría escrito “Romeo y Julieta”, sino “Dinero y conveniencia”.<br />
 </p>
<p>                                                                                                Orfeo Indómito</p>
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		<title>Ser y tener</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jun 2008 18:21:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Orfeo Indómito</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Arte]]></category>

		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[Personal]]></category>

		<category><![CDATA[Sentimientos]]></category>

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		<description><![CDATA[Por las angostas callejuelas de un antiguo mercado ateniense, caminaba el considerado como uno de los hombres más sabios que ha existido de todos los tiempos: Sócrates. Se dice que al pasar por delante de un puesto copado por todo tipo de artículos de lujo(para la época), bañados en oro y decorados con enloquecida minuciosidad, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por las angostas callejuelas de un antiguo mercado ateniense, caminaba el considerado como uno de los hombres más sabios que ha existido de todos los tiempos: Sócrates. Se dice que al pasar por delante de un puesto copado por todo tipo de artículos de lujo(para la época), bañados en oro y decorados con enloquecida minuciosidad, se detuvo y exclamó: ¡Cuánto hay qué no necesito!.<span id="more-14"></span> Es sorprendente cuando menos comprobar que tal comentario hoy ya en el siglo XXI, provenía de un hombre que vivió entre el 470 a.c. y el 399 a.c., es decir hace casi 2500 años. Lo que queda patente es que,<br />
al margen del pensamiento de unos pocos, la humanidad desde sus mismos comienzos se ha afanado en demostrar la supremacía sobre el resto no desde la riqueza interior del espíritu gestada a través de un deseo irrefrenable por saber y conocer hasta el más mínimo detalle de todo cuanto nos rodea potenciando éste y con él la propia sabiduría personal sino, erigiendo el monumento más fastuoso, irreverente y pernicioso a la vista jamás conocido como seña de identidad. Una credencial aplastante jalonada por la sed de poder en conjunción con la ambición desmedida.<br />
Para ello, tan sólo basta recordar maravillas del mundo antiguo como los jardines colgantes de Babilonia; El Faro de Alejandría, las pirámides de Gizeh o el mausoleo de Halicarnaso.<br />
Los reyes de antaño(sospecho también que muchos de la actualidad), deseaban ser eternos. Un sueño inalcanzable y frustrante para quienes su vanidad llevaba más allá que el mero ejercicio honesto de reconocer que todo lo que tiene un inicio, tiene un final.<br />
Por ello, en un ataque de ira, pensaron que si no podían prevalecer físicamente para siempre, había que idear la forma más adecuada de ser mencionados y recordados por las civilizaciones venideras a lo largo de los siglos.<br />
El punto hasta el cual puede llegar un episodio paranoide, no conoce fronteras. Como ejemplo irrefutable  de todo esto, basta con mencionar al gran Alejandro Magno y la profunda amargura que le provocó comprobar que ya no le quedaban más territorios por conquistar. Él, que se creía un semidiós, que adoraba a Aquiles, al héroe protagonista de “La Ilíada”, epopeya escrita por el rapsoda griego Homero o al gran Hércules y las historias que sobre él le había contado siendo éste niño su mentor y tutor: el filósofo Aristóteles.<br />
Un claro exponente de tremenda angustia en alguien que estaba acostumbrado a tener todo  absolutamente bajo control: hombres, mujeres, niños, territorios… De repente, se sintió débil, vulnerable…Las lágrimas que le recorrían el rostro serpenteantes ponían de manifiesto, que ni siquiera él escapaba a los avatares de la propia naturaleza y ver eso, le traumatizó en su ya por si mente megalómana.<br />
Alejandro quiso ser perpetuo, como tantos otro de su posición pero, pero se olvidó de que el barquero con hábito de monje,  Caronte cruzaba al otro lado de la laguna Estigia a unas almas que tan sólo se llevaban del mundo terrenal conocimiento y amor.<br />
Tal era ya  la codicia preponderante en la antigüedad que, hasta los faraones del vetusto Egipto,  eran introducidos en los sarcófagos junto con sus tesoros más preciados sosteniendo la creencia de que se llevarían estos consigo allá donde quiera que fueran.<br />
Mientras desde tiempos inmemoriales la tierra no ha hecho más que gravitar alrededor del Sol, los hombres se han empeñado en amasar fortunas insultantes navegando entre ríos de oro con piedras de diamantes.<br />
En realidad, lo que después de todo queda(o al menos así habría de ser), son las acciones emprendidas por una persona y el efecto positivo  que éstas hayan provocado para con sus semejantes.<br />
Lo más grandioso, con frecuencia es aquello que no se puede comprar para someter voluntades, para manipular a otros o infundir en ellos un sentimiento de temor con el que nos rindan pleitesía. Todas las personas podrían  desarrollar la facultad de admirar, amar y querer a otras sin ningún tipo de condicionamiento religioso, político o moral que, les permitiera ser en esencia ellos mismos. Pero a tenor de nuestra propia historia, resulta ya no muy difícil de poner en práctica, sino casi imposible  ser fiel a la propia identidad de uno mismo no viviendo en el teatro del engaño aun éste reporte pingües beneficios.<br />
Ya no es que se trate de adorar vivir en la calle como hacía por propia elección el cínico Diógenes de Laercio, sino de agradecer, lo necesario para poder vivir en óptimas condiciones y no desear nada más que eso.<br />
Pero claro, si formulas la pregunta…¿Querrías ser rico o tener lo necesario para no ser nunca pobre? La gran mayoría se decantaría por lo primero. Como se  observa en infinidad de ocasiones, resulta paradójico ver casos de personas que viven en una mansión con jardín, diez cuartos de baño, varios coches deportivos en el garaje, servicio doméstico y una retahíla interminable de comodidades más y, sin embargo no son felices. La razón es porque, buscan en el exterior lo que no tienen en el interior. Por tanto, el alcance del bienestar para ellos está tan cerca como la zanahoria del hocico del asno pero,  jamás la alcanzan. Sencillamente porque no se trata de comprar o poseer sino de ser capaz de conmoverse con una puesta de Sol. Lo que es fácil de conseguir, es difícil de valorar y éste tipo de personas están acostumbradas a no tener sueños porque todo es demasiado tangible, material y realizable a sus voraces propósitos.<br />
Nos pasamos el tiempo queriendo acumular cosas que en la mayoría de los casos  una vez satisfacemos la ilusión del momento ya no utilizamos. Y lo preocupante ya no es que lo codiciemos por nosotros mismos para calmar al ego sino por demostrar a los demás un superioridad tan burda, grotesca y banal como la que proporciona el sentirse distinto/a por llevar el bolso aterciopelado  último modelo o tener guardada en la bodega cual reliquia, una botella de vino de 1865.<br />
El vivir por y para a la apariencia es algo similar al exterior de un Ferrari con el motor estropeado.<br />
La sabia administración del vil metal desde la prudencia, la previsión y el ahorro ha de servir para pasar por éste valle de la manera menos pecaminosa posible evitando dilapidar ingentes cantidades de dinero que, lejos de reconfortar más bien ejercen el rol de borrachera, es decir, una vez pasa, el necio vuelve a reencontrarse con sus propias limitaciones.<br />
Asumir que en virtud de las circunstancias que nos rodeen podremos hacer realidad unos deseos y que, otros jamás llegarán. Cuanto menos se anhela, menos se sufre y cuantas más cosas se adquieren, más responsabilidades e incomodidades se contraen. El instinto de superioridad, suscita  con total descaro todo tipo de envidias que, desde luego no contribuyen precisamente a una mejor armonía.<br />
Uno de los hombres más ricos del mundo, Bill Gates, el gurú de la informática lo ha dicho recientemente: “Prefiero una tienda de comestibles de hoy, a la mesa de un rey de hace cien años”.<br />
Por tanto, preocúpate más por tener siempre algo en la nevera y las necesidades básicas cubiertas, un entorno auténtico y saludable donde todos los que lo formen te quieran por quien eres, no por lo que eres y disfrutar de esos pequeños detalles que hacen que la vida, valga la pena. Perseguir cual fugitivo un acaudalado estatus ignorando lo que se deja por el camino, desemboca en amistades falsas, fariseos con puñales malayos y juglares con vestimenta de adulador.<br />
Que el día de tu entierro, los que a él acudan te lloren desde al sentimiento puro y sincero recordando lo que  fuiste sin pensar ni siquiera por un instante en la cuantiosa herencia que como estela planea en ése momento. Es sin duda, la mejor forma de despedirse.<br />
 <br />
 <br />
                                                                          Orfeo Indómito</p>
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